20.9.11

Lo que realmente comemos sin darnos cuenta de que nos lo comemos

La carne que comemos en España procede de animales que se alimentan con pienso elaborado a base de cereales (60%-70%) y soja transgénica (20%-25%), grasas animales y vegetales (3%-5%) y otros productos como sales, vitaminas, aditivos para mejorar el sabor o espesantes(3%-17%)". Los pescados de piscifactoría siguen la misma dieta de piensos compuestos.
Las 700 fábricas de piensos compuestos que hay en España producen alrededor de 20 millones de toneladas de pienso que sirven para alimentar el ganado español, compuesto por unos 300 millones de animales. Con sus variaciones. No es lo mismo alimentar a un pollo o a un cerdo, en los que se usan cereales y soja, que a un rumiante, en el que entran además alimentos fibrosos como henos o pastos", aclara Joaquim Brufau, desde el programa de nutrición animal del IRTA.

La crisis de las vacas locas marcó un punto y aparte en la alimentación animal. "Ahora estamos completamente vigilados", asegura Adolfo Alcalde, técnico de ganadería de Asaja, patronal agraria. Otras sustancias como los antibióticos solo están permitidas en el caso de que se produzca alguna enfermedad, y el animal tiene que cumplir unos plazos antes de ser sacrificado.
La uniformidad también se ha instalado en la agricultura. Tomates, manzanas, lechugas, melones..., de aspecto inmaculado, se amontonan en los puestos de los supermercados sin rastro de esos bichitos tan molestos de antaño. La industria agroquímica se encarga de ello de forma muy eficaz. Todo tiene que ser bonito, de un tamaño y color homogéneo, sin marcas ni dobles, y de variedades que produzcan vegetales muy iguales y sin mal aspecto exterior.
Al consumidor… "le damos lo que demanda", puntualiza José Ramón Díaz, responsable de agricultura de Asaja. El consumidor no quiere fruta con manchas ni motitas negras, aunque sea natural, como pasa con los plátanos o las manzanas golden. Al mismo tiempo, se piden durante todo el año variedades que son estacionales, lo que obliga a introducir las piezas en cámaras pues no se recogen suficientemente maduras o a importarlas desde otros lugares.
Las hortalizas, frutas y cereales van aderezados con restos de plaguicidas, herbicidas, que atacan a las malas hierbas; insecticidas, que fulminan a las plagas, y fungicidas, para acabar con los hongos. El último informe de la Agencia de Seguridad Alimentaria Europea (EFSA) de 2008 presenta los resultados de los análisis realizados a 70.000 muestras de 200 tipos diferentes de alimentos para vigilar los residuos de pesticidas. Se hallaron vestigios de plaguicidas en el 35,7% de 11.610 muestras de nueve tipos de frutas y verduras de gran consumo. De estos, entre el 2% y el 3% excedían los límites máximos permitidos; en el resto no se detectaron residuos. El mayor número de sustancias apareció en espinacas, naranjas, arroz, pepinos, mandarinas, zanahorias, peras, judías sin vaina y patatas. La gran variedad de pesticidas que se utilizan complica los análisis. Los países de la UE emplearon un total de 862 sustancias diferentes y en total se localizaron restos de 365 pesticidas; en los cereales la cantidad bajó a los 76 productos diferentes.
El pesticida que más se detecta son los fungicidas. Los defensores del sistema actual de producción agraria y ganadera sostienen que los precios serían inasumibles para la mayor parte de la población en el caso de optar por métodos más tradicionales. Además del encarecimiento de la materia prima, el responsable de ganadería de Asaja apunta a problemas de espacio y de tiempo. "A un animal no se le puede alimentar solo con hierba, no tiene los nutrientes necesarios, además de que el crecimiento sería lentísimo y no habría espacio suficiente para la cabaña actual", añade.
La falta de pasto es otro de los motivos que empujan al consumo de pienso. Sería imposible, dicen, alimentar a 255 millones de aves de corral, 27,8 millones de cerdos, 18,5 de ovejas, 6 de vacas y 2,9 de cabras sin emplear el pienso.
"La soja —que es la fuente de proteínas en los piensos—, es 100% transgénica y se importa porque aquí no se produce. Otra fuente de transgénicos es el maíz. Pero somos la única industria a la que se le exige que aparezca en su etiquetado que lleva organismos modificados genéticamente (OMG)", indica el presidente de la confederación de piensos. González replica que la carne no está etiquetada como transgénica y el consumidor tiene derecho a saberlo. "Porque nos alimentamos de lo que se les da a los animales, y ahora puedes saber dónde ha nacido una vaca por el sistema de trazabilidad que existe, pero no lo que ha comido".

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