31.12.12

Trucos y consejos para unos huevos fritos bien hechos

En días o noches de gran dispendios gastronómicos como la de hoy,  nada  como recordar pequeños lujos maravillosos, sencillos y espléndidos, si se saben hacer con mimo.

Un simple huevo frito es una maravilla pero necesita sus pequeños trucos.
Yo prefiero un aceite de girasol para que no enmascare sabores simples y suaves. Pero reconozco que una mezcla de oliva y girasol encaja muy bien o incluso un aceite de oliva no muy potente entrega unos huevos fritos más contundentes.
El huevo, la materia prima fundamental, deben ser de corral si queremos elevar a la gloria el pato sencillo de unos huevos fritos. Se pueden conseguir huevos de corral, más complicado es lograrlo de gallinas alimentadas de cereales, maíz y sobras de comida. Pero todo es cuestión de tener conocidos por los pueblos. Y eso si, el huevo debe ser fresco, con no más de una semana de puesta y gordo para disfrutar más del plato.
El aceite debe estar muy caliente, casi humeante. Al poner el huevo en el aceite hay que lanzar sobre el aceite desde la sartén con una cuchara de madera para que la clara quede bien cuajada en la totalidad, la yema totalmente líquida y puntillas crujientes en los exteriores del huevo frito.
Un rociado suave de sal tras depositarlo en un plato algo caliente para que no se enfríe el huevo frito en su periodo de degustación, termina (o casi) el conjunto del milagro.
Dos factores quedan para completar el éxito. Si rociamos todo con un poco de trufa negra rallada, se puede aplaudir. Si lo acompañamos de chistorra frita o de unos filetes de jamón pasados rápidamente por la sartén también. El huevo es lo último que hay que hacer y en el aceite limpio.
Y ya para finalizar dos elementos importantísimos. Un pan crujiente y de pueblo aunque esté hecho en tu ciudad enorme. Y un vino tinto con agallas pero también con sabor y madera.

En la imagen hay unos huevos fritos de verdad y otra cosa hecha con huevos. Está claro ¿no?

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