12.4.16

Festival Kanamara Matsuri. Festival del pene de hierro

En el inicio de la primavera se celebra cada año en Japón, en la ciudad de Kawasaki sobre todo, el Festival Kanamara Matsuri, el Festival del pene duro o el pene de hierro, en el primer domingo de abril. Se venera el pene, se muestra en todos los lugares como un símbolo de la fertilidad y del poder, se hacen dulces, marionetas, se esculpen vegetales duros, se decorar carrozas o se hacen dibujos.

Todo se realiza alrededor de un templo en Kawasaki que en la antigüedad era un templo donde se refugiaban las prostitutas del lugar, donde rezaban para pedir protección contra las enfermedades de trasmisión sexual que tanto les afectaban en su salud y en su profesión. Pero esa fiesta se fue transformando en un Festival que simbolizaba la protección del matrimonio, de los nacimientos, en la fertilidad y la armonía de las parejas, de la impotencia y la libertad sexual. Según las tradiciones existía un demonio (posiblemente una transformación de la enfermedad sifilítica) que vivía en el interior de las vaginas y que con dientes afilados podía castrar a los hombres. Por ello y para evitarlo se encargaban a los herreros un falo de hierro que se introducían las mujeres en la noche de bodas para romper los dientes del demonio.

Hoy en día este turístico Festival de Kanamara Matsuri sirve para recaudar fondos para la lucha contra el Sida y dar información sobre las enfermedades de trasmisión sexual que siguen afectando a las personas.

Después de una breve ceremonia Shinto, se sirven sardinas secas y sake japonés se como llamada para la buena fortuna. Hacia el mediodía, el omikoshi, un gigante altar pene rosa, se lleva hacia el santuario Kanamara justo antes del desfile, en el acto más conocido de la fiesta Kanamara Matsuri con un desfile de la tarde a través de las calles cercanas al templo, donde tres grandes altares con ídolos erectos son transportadas por grupos de fieles vestidos de color rosa. Los caminos y calles están llenos de personas que se agolpan en torno a estos templos móviles cantando y gritando mientras se balancean en el culto del yang. El ambiente es el de una fiesta callejera divertida.

Tanto los hombres como las mujeres se visten con kimonos de mujeres, y no es raro ver a las abuelas lamiendo piruletas en forma de pene. Hay concursos de talla de rábanos para hacer grandes penes, que también se tallan en madera, y al final se dan los premios a los mejores artesanos de la talla.

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