Hoy os enseño una caja de cerezas de Bolea en Huesca, compradas en el pueblo, recién cogidas. No son las mejores cerezas posibles, hemos tenido años con mejor tamaño, pero sí son las cerezas cogidas en su punto, y vendidas cuando mejor están de sabor. Ligeramente ácidas, piel muy tersa que parece reventarse al masticar, gusto que dura en boca dejando color y sabor durante un tiempo.
Ya no queda ni una de esas cerezas, como es lógico pues hay que comerlas pronto ya que se recogieron en su punto, esta imagen es de primeros de junio, pero lo que quiero traer aquí es el sabor. Hablar del sabor.
Me daría igual hablar de las cerezas, del tomate, del calabacín, de las judías verdes. Si tienes una amigo con un campo, una huerta, sabes perfectamente que los productos son más feos, a veces mucho más feos, pero saben de una forma totalmente diferente.
No es que hayamos perdido el sabor de los productos de la huerta, es que por una parte tienen que ser mucho más caros, y por otra parte, la mayoría de estos sabores, de estos productos, se vender fuera de los mercados tradicionales, de los supermercados, de las grandes marcas de centros comerciales.
Es lo que hay, se puede intentar encontrar tomates que sepan a tomates, e incluso que huelan a tomates. La otra opción es intentar tenerlos en tus macetones si tienen opción en una terraza. El tomate no es complicado. El pimiento verde tampoco. Los sabores siguen existiendo, pero lo que compramos por comodidad y precio, ya no lo tienen.
