Los huevos rotos parece un plato que además de estar de moda
es muy sencillo de hacer. La realidad es otra pues a veces nos fijamos en
platos que nos sirven en algunos restaurantes, sencillos pero a la vez algo
incompletos.
Unos huevos rotos necesitan tres elementos básicos pero de
una calidad alta. Y además los tres elementos deben ser bien cocinados.
Patatas fritas que no deberían ser en baritas sino cortadas
como para tortilla de patata, bien fritas pero algo pochadas también, con un
ligero sabor de ajos al haber estado en un buen aceite mientras se freían unos
ajos enteros.
Unos huevos bien fritos, con puntillas, frescos y si es
posible de corral, mejor todavía.
Un ingrediente cárnico que yo recomiendo jamón de verdad,
sabroso y bien curado, de Teruel o de Salamanca. Es verdad que también se puede
hacer con chistorra, chorizo, morcilla o longaniza. Si es jamón, al colocarlo
encima de las patatas el calor de estas trasmite una sensación de “punto”
correcto en el jamón que lo convierten “en otra cosa”.
Se sirve con las patatas de base, uno o dos huevos encima y
enteros y unas generosas lascas de jamón, cortado a mano y no muy grandes.
Mejor cuatro pequeñas que dos grandes.
En el momento de servir se cortan los huevos que están
encima de las patatas y se deja que la yema caldosa impregne las patatas. Si no
los corta el camarero los debe cortar el comensal, pero no se comen los tres
ingredientes por separado, sino con los huevos “rotos” para que bañen las
patatas.
Sencillo pero es necesario tener cuidado en hacer bien cada
elemento. Sobre las patatas se puede añadir un golpe de pimienta blanca o no. O
unas lascas de trufa negra.
Como es lógico, la imagen no corresponde con lo que recomiendo, pero es la forma típica de servir en restaurantes sencillos. Escapen de estas patatas congeladas y crujientes, que están buenas pero no son las correctas para unos huevos rotos.