Efectivamente los cocidos, las ollas, los platos completos
de la cocina española son además de contundente espléndidas muestras de nuestra
forma social de ser. Son platos de perola, de puchero, lentos en la cocción,
con variedad de elementos y son para días de fiesta si los hogares son pobres o
para días de frío si son de alcurnia.
El cocido madrileño o castellano debe tener una sinfonía de
carnes, a veces con bola castellano o sin bola. Yo los prefiero con bola, sin
duda, pues la bola en el cocido es medio plato. Pero este de Madrid no la
llevaba aunque por el precio era imposible.
Tras un contundente plato de sopa con fideo, sabrosa pero no
salada. Llena de olores y gustos a historia y en ese punto en el que pedirías todavía
más si no supieras que te esperan las verduras y las carnes.
En los sitios caros tras la sopa vienen las verduras en una
segunda vuelta, los garbanzos, la col y algo de patata y zanahoria. Tras las
verduras vienen los tocinos, el chorizo, el hueso de canilla, la ternera de
morcillo, la pechuga de gallina que no de pollo y algo de jamón del de verdad.
En algunos casos ponen morcilla pero ojo, que se puede apoderar del sabor o se deshace
en la cocción.
Este plato me lo sirvieron en el restaurante Mezklum en la
calle Príncipe de Madrid. Con la bebida el pan y el IVA más un postre o café
salió el menú por 10,7 euros. ¿Alguien es capaz de dar algo más por menos?